21 de abril de 2020

Andre Comte-Sponville 1

Comte-Sponville, André (2018) LA FELICIDAD DESESPERADAMENTE Ed Paidós Barcelona España 1ra Edición Digital

sobre el deseo y la infelicidad

La felicidad nos falta;
la felicidad se nos escapa.
¿Por qué?
Hay que partir del deseo. No sólo porque «el deseo es
la esencia misma del hombre», como escribía Spinoza,9
sino también porque la felicidad es lo deseable absoluto,
como lo demuestra Aristóteles,10 y finalmente porque ser
feliz es, al menos en una primera aproximación, tener lo
que se desea. Encontramos esta última idea en Platón, en
Epicuro, en Kant y, en el fondo, en cada uno de nosotros.
Lo comentaré más adelante.
¿Qué es el deseo? La respuesta que quisiera evocar
primero, y que atravesará toda la historia de la filosofía, la
formula Platón en uno de sus libros más famosos, El banquete.
Como su título indica, se trata de una comida entre
amigos, en este caso para celebrar el éxito de uno de ellos
en un concurso de tragedia. Como saben que, cuando se
come entre amigos, el placer principal no es la calidad del
alimento, sino la calidad de la conversación —además, del
alimento ya se ocupan los criados—, deciden elegir un bello
tema de conversación: el amor. Cada uno hace su definición
y su elogio del amor. Como no es mi tema, sólo retengo
la definición de Sócrates, por boca del cual
acostumbra a expresarse Platón. ¿Qué es el amor? Para
resumir, Sócrates da la siguiente respuesta: «El amor es
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deseo y el deseo es carencia». Y Platón remacha el clavo:
«... lo que no posee, lo que él no es y aquello de que carece.
¿No son éstas o cosas semejantes el objeto del deseo y del
amor?».11 La idea se mantendrá vigente hasta nuestros
días. Por ejemplo, en Sartre: «El hombre es fundamentalmente
deseo de ser» y «el deseo es carencia».12 Esto nos
condena a la nada o a la caverna, digamos al idealismo: el
ser está en otro lugar, ¡el ser es lo que me falta! Por eso la
felicidad, necesariamente, se nos escapa.
Mientras Platón tenga razón, o mientras seamos
platónicos (en el sentido de un platonismo espontáneo),
mientras deseemos lo que nos falta, está descartado que
seamos felices. ¿Por qué? Porque el deseo es carencia, y
porque la carencia es un sufrimiento. ¿Cómo se puede
ser feliz cuando falta, precisamente, aquello mismo que
se desea? En el fondo, ¿qué es ser feliz? Evocaba la respuesta
que encontramos en Platón, en Epicuro, en Kant,
en cualquiera: ser feliz es tener lo que se desea. No necesariamente
todo lo que se desea, pues entonces cada cual
comprende que no será nunca feliz y, como dice Kant,
que la felicidad es un ideal, no de la razón, sino de la imaginación.
13 Ser feliz es tener no todo lo que se desea, aunque
sí una buena parte, tal vez la mayor parte, de lo que
se desea. Bien. Pero si el deseo es carencia, sólo se desea,
por definición, lo que no se tiene. Ahora bien, si sólo se
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desea lo que no se tiene, no tenemos nunca lo que deseamos
y, por lo tanto, no somos nunca felices. No se trata de
que el deseo no sea nunca satisfecho; la vida no es tan
difícil. Con todo, en cuanto un deseo es satisfecho, ya no
hay carencia y, por lo tanto, ya no hay deseo. En cuanto
un deseo es satisfecho, se anula como deseo: «El placer,
—escribe Sartre—, es la muerte y el fracaso del deseo».14
Y, muy lejos de tener lo que se desea, se tiene entonces lo
que se deseaba y ya no se desea. Como ser feliz no es tener
lo que se deseaba, sino tener lo que se desea, ser feliz no
puede ocurrir nunca (puesto que sólo se desea, una vez
más, lo que no se tiene). De manera que, o bien deseamos
lo que no tenemos, y sufrimos esa carencia, o bien tenemos
lo que desde ese instante ya no deseamos, y nos aburrimos,
como escribirá Schopenhauer, o nos apresuramos
a desear otra cosa. Lucrecio, mucho antes que
Schopenhauer, dijo lo esencial: «Y además, en lo mismo
giramos y nunca de ello salimos / ... / pero al anhelar lo
que falta, estimamos eso más fino / que todo: otra cosa
anhelamos si aquello lo conseguimos, / y siempre igual
sed de vida nos tiene abierto el hocico».15 No hay amor
feliz: mientras el deseo es carencia, la felicidad se nos
escapa

(pp 30-32)

Schopenhauer, como un genial discípulo de Platón,
lo resumirá mucho más tarde, en el siglo xix, en una
frase de la que siempre digo que es la más triste de la
historia de la filosofía. Cuando deseo lo que no tengo,
obtengo carencia, frustración, lo que Schopenhauer denomina
«sufrimiento». ¿Y cuando el deseo es satisfecho?
Ya no obtengo sufrimiento, puesto que ya no hay
carencia. No obtengo felicidad, puesto que ya no hay deseo.
Obtengo lo que Schopenhauer llama «aburrimiento
», que es la ausencia de felicidad en el lugar mismo de
su presencia esperada. Decíamos: «Qué feliz sería si...».
Y tan pronto el «si» no se realiza, y somos desgraciados,
como sí se realiza, y no por ello somos felices: nos aburrimos
o deseamos otra cosa. De ahí la frase que anunciaba,
que resume tan tristemente lo esencial: «La vida
oscila, como un péndulo, del dolor al hastío».16 Sufrimiento
porque deseo lo que no tengo y sufro esa carencia;
aburrimiento porque tengo lo que desde ese instante
ya no deseo.
George Bernard Shaw decía que «hay dos catástrofes
en la existencia: la primera, cuando nuestros deseos no
son satisfechos; la segunda, cuando lo son». Frustración
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o decepción. Sufrimiento o aburrimiento. Inanición o
inanidad. Es el mundo del Eclesiastés: «Vanidad de vanidades,
todo vanidad
».
Porque el deseo es carencia, y en la medida en que
es carencia, la felicidad se nos escapa necesariamente.
Es lo que llamo «las trampas de la esperanza», siendo
la esperanza la carencia misma —lo retomaré más adelante—
en el tiempo y en la ignorancia. Sólo esperamos
lo que no tenemos. Traten, para comprobarlo, de esperar
a estar sentados. Sólo esperamos lo que no tenemos,
y por eso somos tanto menos felices cuanto más
esperamos el devenir. Siempre estamos separados de la
felicidad por la misma esperanza que la persigue. En
cuanto esperamos la felicidad («Qué feliz sería si...»),
no podemos evitar la decepción: ya porque la esperanza
no es satisfecha (sufrimiento, frustración), ya porque
sí lo es (aburrimiento o, nuevamente, frustración:
como sólo se puede desear lo que falta, se desea de inmediato
otra cosa, y no se es feliz por eso...). Woody
Allen lo resume con este enunciado: «¡Qué feliz sería
si fuese feliz!». Por lo tanto, es imposible que lo sea
alguna vez, puesto que no deja de esperar el devenir.
También Pascal, con un genio al menos comparable, lo
resume a su manera en los Pensamientos. Se trata de
un fragmento de unas veinte líneas, dedicado al tiemLA
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po. Pascal explica que no se vive nunca para el presente:
se vive un poco para el pasado, explica, y, sobre
todo, mucho, mucho para el futuro. El fragmento se
termina con estas palabras: «De esta manera no vivimos
nunca, pero esperamos vivir; y, estando siempre
dispuestos a ser felices, es inevitable que no lo seamos
nunca».17
pp37-39

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